Cultivo

En 1815, en Francia, se descubrió de forma casual la posibilidad de que las trufas pudieran ser cultivadas. En aquellos tiempos, el país galo ya un gran consumidor de trufa y la investigación se llevó a cabo por un puro interés científico. La producción era suficiente para el reducido número de comensales y restaurantes que se interesaban por su deleite, hasta que bien entrado el siglo XX la demanda aumentó y fue en ese momento cuando se planteó el cultivo de trufa como una opción.

Tuvo que pasar prácticamente siglo y medio para que la truficultura lograra consolidarse después de aquel descubrimiento.

Mientras tanto, en España, en zonas del interior con terrenos calizos y climas de contrastes, veían como en sus bosques crecía este preciado hongo de forma silvestre, la naturaleza le daba el agua que necesitaba.

La demanda de trufa que venía desde nuestros países vecinos era cada vez mayor. Sarrión se asentó como la capital de la trufa negra, no sólo por su trufa silvestre sino por la apuesta de su gente a destinar la tierra a este tipo de agricultura.

El cultivo de este preciado hongo ha impulsado el desarrollo de una región localizada en un paisaje idílico, donde crece un producto que, por su sabor, exclusividad, trabajo de elaboración… le hace recibir el nombre de oro negro.

La innovación en el sector y la apuesta por el mundo de la truficultura han hecho de Sarrión un referente mundial, nuestros expertos productores ayudan a que la trufa se desarrollarse: se riega, se cuida, se observa el clima para darle a la trufa lo que necesita para crecer tal y como lo haría en un bosque, porque a la trufa no le gusta lo artificial, es un cultivo que requiere mucho tiempo y poca química.