Historia

¿Desde cuando se consume?

Si echamos la vista atrás en el tiempo nos encontramos que las primeras referencias a la trufa datan de los sumerios, reflejando en tablillas de barro los hábitos alimenticios de sus enemigos, los amoritas, hace más de dos mil años antes de nuestra era. Son los egipcios quienes mantienen la trufa en su menú, como alimento dirigido a las clases pudientes y cocinándolas embadurnadas en grasa buscando la forma más provechosa de extraer las mejores cualidades de la trufa.

En la Grecia clásica consideraban que aparecía de la nada, que su generación era espontánea, de hecho, se llega a decir: “¡Cuantos más truenos hay, más crecen!”. Los romanos heredan la civilización griega y la trufa como parte de ella, aunque no era precisamente la trufa negra la que más llamaba la atención de los romanos, sino otras variedades del hongo.

Durante años la trufa va siendo conocida, hasta que, en 1423, Don Enrique de Villena, escribe las costumbres más sencillas para cocinarlas en su libro “Arte Cisoria”. En los siguientes siglos las trufas se incorporan en los recetarios y tratados botánicos españoles.

Y así hasta llegar a nuestros días, donde la cocina tradicional y moderna se fusiona, usando la trufa negra como ingrediente y acompañante de numerosos platos.

La trufa siempre ha sido considerada un alimento de lujo del que solo disfrutaban algunos elegidos, los que sabían encontrarlas o bien los que podían pagarlas. Antiguamente enfocada a las clases privilegiadas, hoy en día a mano de todo el mundo, aunque sea en pequeñas cantidades, todo ello gracias a empresas como Manjares, que cultivan, cuidan y comercializan la trufa, poniéndola al alcance de todos, convirtiéndola en un producto cada día más universal.